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Desde mi sótano (14ª entrega)

Joaquín Cardoso, SJ, y otros

Este ejemplar, el número 15, fechado el 31 de diciembre de 1926, pone en la mesa de la discusión pública el caos social que por lo visto Calles desea maquillar provocando un conflicto religioso.

 El mediquillo de provincia

            Había en un lugar de México, de cuyo nombre no quiero acordarme, un galeno pasajero, a quien las módicas dietas de sus esfuerzos casi todos proletarios, no le alcanzaban a veces ni para cubrir las apariencias. Nuestro galeno, parte por dignidad profesional, parte por la necesidad de andar de cerca en meca en busca de los pacientes, gastaba coche. Pero era coche viejísimo, con más años que Matusalén y más remiendos y parches que un pobre elector en un día de elecciones.

            Con el continuo trajín era cosa sabida que al cabo del día, una nueva grieta daba testimonio asaz elocuente de los daños y pesadumbres que soles y lluvias, inviernos y estíos, habían descargado sin compasión sobre el mísero vejestorio.

            Pero el Hipócrates provinciano, no se daba por vencido, y por aparentar lo que no tenía, había dado en la más peregrina idea que pudo ocurrírsele nunca al más astuto prendero.

            Todas las noches, al regresar de su cotidiana faena, hacía que su cochero entrase en el coche provisto de una candela encendida para que filtrándose la luz a través de las hendiduras abiertas en la carrocería, descubriese así la traidora grietecilla. El médico, por su parte, bien provisto de un tarro de engrudo, unas anchas tiras de papel y un bote de barniz de coche muy brillante procedía entonces a la operación de tapar con el papel y el engrudo la rendija y barnizar el remedio, con lo que el coche queda peor que nuevo.

            Pero tantas noches pasaron y tantas tiras de papel ocultaron los desperfectos, que al fin un día, precisamente cuando pasaba por la plaza principal de la ciudad, una violenta sacudida contra una piedra mal aventurada hizo que el coche se desfundara, dejando a nuestro médico sentado en el suelo, sobre un montón de astillas de lo que fuera el asiento del coche.

            Se aglomeraron los curiosos para ver aquel extraño espectáculo, y dicho está que si algunos mostraron compasión, otros no escasearon las cuchufletas alusivas a la conocida vanidad del galeno. Este que gastaba malas pulgas, airado de lo que oía, por el porrazo y por la pérdida de su vehículo, volvióse furibundo al grupo de curiosos, y encarándose con ellos, les gritó en el colmo de la exasperación: “¿Qué me ven? Éste es mi coche y yo soy muy libre de salir por donde quiera”. Lo cual no impidió que tuviese que ser llevado de allí en camilla, y que guardase dos meses de cama por haber usado de aquella su libertad sui generis.

            Acordado me he del mediquillo al oír lo que en todos los tonos nos repiten los políticos, que por cierto son políticos del proletariado, los periodistas barberos de aquí y los periodistas vendidos del otro lado del Bravo, acerca de la libertad que tiene el gobierno mexicano para dar las leyes que se le antoje y hacer lo que quiera, porque está en su “coche”, perdón, en su casa.

            Anda el pobre carromato de la nación mexicana todo aboyado y agrietado por tantos problemas que le ha creado el trajín de nuestra turbulenta vida nacional, y el señor Calles y sus comparsas quieren remediarlo todo con leyes, (una cada veinticuatro horas), leyes hechas sin conciencia, sin estudios, sin prudencia, sin conocimiento de la historia, de la economía, del derecho de gentes, leyes que son nada más que una tira de papel pegada con engrudo, pero que ni remiendan, ni tapan, ni aseguran nada.   

            Y cuando las naciones extranjeras se asoman a nuestra vida nacional y miran con extrañeza unas, con ira otras, con burlas las de más allá nuestra ruina y nuestra vergüenza legal, clamamos furiosos: ¿qué nos ven? ¡Es nuestro coche y somos libres de salir por donde queramos!

            Que las leyes en materia religiosa han creado un desconcierto en toda la nación, un disgusto y una inquietud insoportables… ¿Qué nos ven? ¡Somos muy libres para servir al diablo y al Kulkus-klan!

            Que las leyes del petróleo, de extranjería, de agrarismo, han hecho huir el capital extranjero, han arruinado la agricultura y la industria, han excitado las iras de los perjudicados con su espíritu revolucionario… ¿Qué nos ven? ¡Somos libres para meternos en donde queramos! Que tomar partido en la disputa centroamericana nos está creando un serio peligro internacional… ¿Qué nos ven? ¡Somos muy libres para meternos en Nicaragua y también en Honduras! ¡Estamos en nuestro coche! Sólo que el porrazo que nos vamos a dar, nos va a hacer ir con todo y hueso al hospital, y ¡Dios quiera que tenga cura! ¡Como el mediquillo provinciano!

Silvio Pellico.

           

Después de niño ahogado…

            El señor don Rodrigo del Llano, director de “Excelsior” ha hecho a la prensa de Nueva York unas declaraciones “muy bonitas” very much…De estas declaraciones entresacamos las siguientes, según el texto del mismo periódico “Excelsior”: “Si nuestras leyes son buenas, deberán perdurar, y si son malas ya habrá tiempo para reformarlas o adaptarlas a nuestras necesidades”.

            Muy bien señor don Rodrigo, pero se me ocurre esta preguntita: y si las leyes son tan malas como las actuales que están llevando a México a su ruina, cuando nuestra nación sea ya una carroña corrompida, cuando los habitantes de este pobre país sean unas hordas famélicas y sin moralidad ni religión alguna, que se disputen a trompada limpia las últimas suelas del zapato que les hayan dejado las dichas leyes, ¿será todavía tiempo para reformarlas y adaptarlas a nuestras necesidades?

            Aquí sí que sería “después de niño ahogado, tapen el pozo”. ¿Y no sería mejor, señor don Rodrigo, que si las leyes son malas, como está probado hasta la evidencia por los mismos redactores de “Excelsior” cuando hablan de su juicio? ¿se reformarán o se mandarán a paseo luego lueguito?

            Otra de las declaracioncitas es la afirmación rotunda de que “es sencillamente un obsequio decir que en México impera el bolchevismo, y que las ideas comunistas van extendiéndose hacia Centroamérica”.

            ¡Caramba don Rodrigo!, y qué poco se conoce que sea director de un periódico que se titula pomposamente  de la “vida nacional” porque esas declaraciones en este tema indican que ignora totalmente cuáles son las características de nuestra “vida nacional”, y si no las ignora, tanto peor entonces quiere decir que se ha contagiado de la política de mentiras y falsedades que impera en nuestra “vida nacional”.

 

Las ocurrencias de “Excelsior”

            El periódico “Excelsior” que de un tiempo a esta parte parece iniciar una conversión hacia la izquierda, por el motivo poco decoroso del miedo a la Secretaría de Gobernación, trata en sus editoriales titulados “Comentarios al vuelo” del día 17 de los  corrientes, justificar su crédito sustentado en su editorial del día 7 acerca del no hay bolchevismo en México.

            Profundamente disgustado y maravillado como la totalidad de los lectores serios y conscientes de dicho periódico, por tan peregrino criterio, un señor Salvador Díaz escribió una carta, según dice el editorialista a la redacción del periódico, refutando la aserción del editorial susodicho.

            No nos la transcribe íntegra, pues suponemos que el señor Díaz habrá expuesto entre otras cosas, el argumento contundente de la cuestión religiosa, o si no lo hizo debió hacerlo, pues es capital e incontrovertible argumento en el asunto. Pero nos transcribe algún parrafito, y trata de refutarlo. Y miren ustedes la salida. Dice “Excelsior” que no hay bolchevismo en México porque “bolchevismo” significa en ruso: el gobierno de los mas, en contraposición “menchevismo” que también significa en ruso: el gobierno de los menos, y que en México, no son Los Mas los que gobiernan, sino Los Menos. Verdad es, pero también es verdad que la salidita es de pie de banco y tanto, que el mismo editorialista como avergonzado de lo que ha dicho, “salida por la tangente”, y pasa a ocuparse de algunos de los otros argumentos.

            En primer lugar afirma que el régimen mexicano tiene algo de comunista y entre paréntesis el por qué (ejidos). Pues bien, “Excelsior” que tan fuerte está en el significado de las palabras rusas, debe saber que eso mismo en ruso se dice “bolchevismo”, en francés se llama: comunuisme, en inglés, comunism; y en castellano: comunismo. Por donde ya tenemos confesión de parte.

            Después afirma que no hay bolchevismo o comunismo, porque en la Constitución del 57 en su artículo 27 se habla claramente de la propiedad privada. ¡Vaya una gracia! También se habla en la misma Constitución de la libertad de conciencia, y a los católicos buena nos la han dado; también se habla de la libertad de enseñanza, y no existe ni la de enseñar los dientes; también se habla de la libertad de prensa, y ¿qué noticias nos da el “Excelsior? ¡La letra mata, señor editorialista, y el espíritu vivifica! ¿Se ha olvidado usted de ello?

            También dice que no hay que temer a la bandera rojinegra, (que se enarboló por el régimen, en las torres de la Catedral, en el Palacio Nacional y en la Cámara de Diputados, si bien lo recuerdan ustedes) porque la CROM no está de acuerdo con las “tendencias filosóficas” (tendencias filosóficas en la CROM!...) que representa, desde el momento en que sus líderes declaran que no son bolcheviques. ¡Toma, ya lo creo!¡Seguro que iban a decir! ¿De cuando acá los ladrones dicen a los cuatro vientos que lo son?

            ¡Y “Excelsior” es tan cándido que se lo cree! También los periodistas dicen que no tienen miedo y que no son barberos. Pues ¡que se lo cuenten a su abuela!

            Y como prueba de que los dichos líderes dicen la verdad, alega que prohibieron a sus agremiados agasajar a los kollontay.

            ¡Este argumento sí que nos convence! Porque también los líderes han prohibido agasajar a los católicos enemigos del bolchevismo, lo que prueba, según la lógica de “Excelsior” que “no están de acuerdo con los enemigos del bolchevismo”, que era lo que se quería demostrar.

            Por del artículo dice “Excelsior” que se debe llamar al régimen como él lo llama, es decir: F.D.P.D.E.I ¿entienden ustedes?

            Suponemos que querrá decir Federación de Puros Necios e Infames.

¡Chi-lo- sa!

 

De la encíclica de Su Santidad Pio XI

            Nunca habíamos sentido como ahora la estrechez de nuestras columnas. Quisiéramos que fueran amplias, amplísimas para dar cabida en toda su integridad a la encíclica de Su Santidad referente a México, y de la que ya tienen noticia nuestros lectores. Tendremos que reducirnos a insertar, honrando para siempre nuestras páginas, algunos párrafos de dicho inmortal documento en la espera  de que pronto será publicada íntegra para conocimiento y edificación de todos, como ya lo ha sido en todos los países extranjeros. Nunca nuestros periódicos de la Capital hubieran sido más notables y grandes y dignos de aplauso, que cuando se  hubieran decidido a publicar esta gloriosa página para México, pero ya que ellos, por cobardía, por estar sometidos a la estúpida tiranía de la CROM renuncian  a ese honor, nosotros en nuestra pequeñez queremos siquiera sea una partecita de gloria. Dice así el final de la encíclica:

            ”Para no entrar en más detalles, nos agrada, venerables hermanos, señalar un sólo hecho: los miembros de la Liga, hombres y mujeres, pertenecientes a aquellas asociaciones Caballeros de Colón; Damas Católicas; y A.C.J.M. conocen tan poco el miedo que antes bien buscan el peligro en vez de huirlo, y se alegran cuando tienen la suerte de sufrir las crueldades de sus enemigos. ¡Magnífico espectáculo dado al mundo, a los ángeles y a los hombres! Hazañas dignas de una alabanza eterna.

            Ya hemos hecho antes alusión; numerosos son los Caballeros de Colón, los jefes de la Liga, las mujeres y los jóvenes, que han sido aherrojados y conducidos entre soldados por las calles, encerrados en prisiones infectas, maltratados, sentenciados a cárcel o a multas. Más aún, venerables hermanos, muchos de esos adolescentes y de esos jóvenes –a penas podemos contener las lágrimas- teniendo en su mano un rosario y aclamando a Cristo Rey, aceptaron valerosamente la muerte; vírgenes santas, arrojadas a la prisión, han sufrido innobles ultrajes y se han publicado maliciosamente horrores, para apartar a las otras de su deber.

            ¿Cuándo el bondadísimo Dios pondrá término y medida a estas calamidades? Nadie puede sospecharlo ni preverlo todavía, venerables hermanos. Nos, sabemos solamente que algún día por fin, la Iglesia de México verá calmarse esta tempestad de odios, porque en efecto, como enseñan los oráculos divinos: No hay sabiduría, no hay prudencia, no hay habilidad contra el Señor (Proverbios 21, 30)  y contra la Esposa inmaculada de Cristo las puertas del infierno no prevalecerán. (Mateo 16,18)

            Nacida para la inmortalidad el día de Pentecostés, en que fue enriquecida por las luces y dones del Espíritu Santo, y salida del retiro del Cenáculo a la alabanza y conocimiento de los hombres, ¿qué ha hecho durante los veinte siglos en que ha vivido en todas las naciones, sino “pasar haciendo el bien” a ejemplo de su Divino Fundador? Esos beneficios de todo género, debían atraerle un amor universal, y es lo contrario lo que ha sucedido, según lo que al mismo Divino Maestro había claramente dicho (Mateo 10, 17-25). Así la barca de Pedro va caminando, a veces bajo el soplo de vientos favorables, dejando tras de sí una estela de gloria; pero ¿no tiene acaso al timón al Divino Nauta que en momento oportuno calmará la furia de las olas? Esas vejaciones que sufren los católicos, Cristo, que todo lo puede, sabe hacerlas servir en utilidad de la misma Iglesia. “Es propio de la Iglesia, dice san Hilario, vencer cuando es herida, ser comprendida cuando es atacada, y conquistar cuando es abandonada”.

            Si todos los perseguidores que en todo México se ensañan contra sus hermanos y conciudadanos no culpables de otro crimen que de observar las leyes divinas, se repasaran atentamente y sin perjuicios la historia de su patria, no podrían menos de reconocer y proclamar que todo lo que existe en su país de civilización, de hermoso y de bueno, lo debe sin duda alguna a la Iglesia. Nadie Ignora en efecto, que desde que se estableció por vez primera allá una sociedad de cristianos, sacerdotes religiosos, principalmente varones a quienes ahora se trata con tanta ingratitud y durezas, superando innumerables dificultades que les venían, ya de los colonos sedientos de oro, ya de de los indígenas feroces aún, consagraron todos sus esfuerzos a multiplicar en aquel inmenso territorio, con el esplendor de culto divino, los beneficios de la fe católica, las obras e instituciones de caridad, las escuelas y colegios para formar a sus habitantes en las letras y en las ciencias sagradas y profanas, en las artes liberales y en los oficios manuales.

            No nos queda más, venerables hermanos, que imploren rendidos a Nuestra Señora de Guadalupe, la Celestial Patrona de la nación mexicana, rogándole olvide las injurias que también contra ella se dirigen, y devuelva por su intercesión, los beneficios de la paz y de la concordia de su pueblo; y si por el contrario, por secretos designios de Dios, ese tan deseado día  está todavía lejano, llene  de consolaciones las almas de los fieles mexicanos, y los afirme en la lucha por la libertad religiosa.

Pío XI 

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