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Datos cronológicos relacionados con Nuestra Señora de Zapopan,

su santuario y su convento

 

Rafael Cervantes

 

 

Se rescata y divulga por este medio, una apretada síntesis que elaboró con esmero un culto historiógrafo, cuya vida se apagó a la sombra de la basílica de Zapopan, en el cual esboza a grandes pinceladas las personas, episodios, fechas, lugares más notables del más entrañable cultor mariano propio  de la arquidiócesis de Guadalajara, para beneficio de los que desean tener a la mano una fuente confiable y sintética en torno a la patrona de la arquidiócesis de Guadalajara

 

 

Etimología del nombre

 

Tzapopan es palabra del idioma náhuatl, compues­ta de Tzapotl y Pan. El vocablo genérico tzapotl indica diferentes especies de frutas y adoptado por los botánicos y convertido en sapoteca o sapotilla, ha servido para designar a una familia que consta de unas 400 especies entre árboles y arbustos, la mayor parte de ellos propios, o por lo menos conocidos en México. Entre nosotros son conocidísimas las espe­cies de las zapotáceas: zapote prieto, blanco, borracho, chico zapote, anona, chirimolla etcétera. A su vez, la terminación pan puede traducirse o como mera partícula locativa, o como expresión de abundancia. En tal razón, tzapo - pan (Zapopan) suele tomar­se, o como “En el Zapotal”, o como “donde abundan los zapotes o chirimoyas”. En este lugar debieron abundar am­bas especies frutales y, aún en nuestros días se siguen produciendo.

‘No sin fundamento, se dice que los fundadores y pri­meros pobladores de Zapopan fueron los zapotecos (nom­bre tomado de Zapotitlán) asentados en las faldas, lado norte, del Nevado y del Volcán llamado de Colima, y que, juntamente con los amultecas, pinos, bapanes y otontlatollin, eran de filiación otomí.

Acaso la primitiva fundación de Zapopan acaeció hacia el siglo VI o VII de nuestra era cristiana. Mas debe tomarse mucho en cuidado en no confundir a nuestros zapotecas con los zapotecos (los últimos nada tuvieron que ver en estas partes), así como no han de confundirse, por ejemplo, los mayos con los mayas.

El asentamiento secular y nebuloso del primitivo Zapopan debió ser el lugar ahora llamado El Profundo, al lado sur de la actual ciudad, y limítrofe, calle de por medio, de la huerta del convento franciscano.

Con la llegada de don Nuño Beltrán de Guzmán y su hueste a la capital del reino tonalteca, en el mes de febrero de 1530, casi coincidió el arribo en el mismo lugar del pri­mer religioso franciscano, fray Antonio de Segovia. En ese tiempo Zapopan, poblado minúsculo, dependía del señorío de Atemajac (Atlimaxaque) y éste a su vez, del reino o gran señorío de Tonalá (Tonallan).

Por consiguiente: desde el año de 1530, fray Antonio de Segovia, poco después auxiliado por sus hermanos reli­giosos a quienes él encabezaba, es el apóstol pionero y civilizador meritísimo de estas tierras.

En 1542, tras la pacificación de las tribus insurrectas en el Mixtón y la definitiva fundación de la ciudad de Guadalajara en el Valle de Atemajac, fray Antonio de Segovia influyó grandemente en la repuebla o restablecimiento de Zapopan, y dejó a sus amados indígenas la sagrada ima­gen de la Virgen María, cuyo título pasó también al poblado que, en adelante se denominaría Nuestra Señora de la Concepción de Zapopan.

Asimismo, por iniciativa suya, se erigió a Nuestra Se­ñora la primera ermita pequeña, pobre, sencilla. Ermita que habría de permanecer hasta el año de 1608, cuando, al arruinarse del todo, se desplomó quedando ilesa milagrosamente la sagrada efigie. Había fallecido fray Antonio de Segovia en el convento de San Francisco de Guadalajara un 19 de diciembre, como lo con­signa el Martirologio Franciscano, en el año 1570, según el maestro don Alberto Santoscoy.

A partir del año 1609, no sólo se pensó en construir una nueva iglesia, ahora más capaz y más sólida, sino que, efectivamente, se hizo de tres naves, estilo basílica, con arquerías de cantera, techumbre de terrado y capilla mayor (o presbiterio) de bóveda. Con el fin de recabar limosnas para su nuevo templo, la sagrada imagen era llevada a los poblados vecinos, y aún remotos, en donde era recibida con grandes muestras de júbilo por todos los habitantes; y la Gran Señora, en su bendita imagen, se iba dando a cono­cer, gracias a los repetidos milagros que hacía.

La sagrada imagen fue sacada de su templo, por últi­ma vez, en el año de 1638, cuando ya tenía albergue segu­ro, aunque no totalmente concluido, Y consta que, en 1646, era llevada por los pueblos una imagen, tocada a la original, y parecida a la que se veneraba por milagrosa. Mientras el obispo don Juan Ruiz Colmenero prac­ticaba la visita pastoral en Zapopan, el 21 de agosto de 1649, ordenó se hiciese

 

…“para tabernáculo de Nuestra Señora, un nicho a modo de Camarín, con su arco toral y otros dos colaterales… [y que se despachase]mandamiento con excomu­nión y pena pecunaria, para que en manera alguna, ni a instancia de ninguna persona de cualquier estado y calidad que sea, ni por necesidad común pública, se saque de su tabernáculo la santa y milagrosa imagen de Nuestra Seño­ra, ni para llevarla en procesión, ni para colocarla en el altar, sin expresa licencia de su señoría; antes se tenga en él, teniendo cerradas las puertas del dicho tabernáculo los días feriados y fies­tas comunes; y abriéndolo, con el velo corrido, en las fiestas parti­culares: y quitado de suerte que la imagen se descubra y ofrezca dentro del tabernáculo mismo a los ojos del pueblo, en las [fies­tas]de primera clase y mayor solemnidad.”

 

Por los años 1641 - 1653, el señor cura de Zapopan, bachiller don Diego de Herrera, fue recogiendo información tes­timoniada sobre los milagros que pudieron saberse y com­probarse en el decurso de cien años, así en dicho pueblo como en otras partes donde había sido llevada la sagrada imagen. El señor obispo Colmenero puso en manos de los padres José Justicia y Manuel Villabona la Relación del Br. Herrera, para que la revisaran “según lo establecido por la Iglesia en dichos casos“. El dictamen de los padres reviso­res, favorable del todo, fue presentado al señor obispo el día 27 de junio de 1654.

Para proceder con mayor seguridad, el señor obispo determinó que el mismo fray Herrera nuevamente investiga­ra ciertos casos particulares... Cerradas las diligencias y satisfecho de las mismas, el señor obispo las aprobó, decla­rando milagrosa a Nuestra Señora de Zapopan. Tras esta declaración oficial, el señor obispo se propuso jurar, juntamente con su clero, ante la sagrada imagen, la creencia de la Inmaculada Concepción de Nues­tra Señora, y dispuso que tal juramento se hiciera

 

…el día de María Santísima de la Expectación, 18 de diciembre de dicho año [1655], en la capilla de Nuestra Señora de Zapopan, a cuya imagen milagrosa está dedicada la festividad.

 

Así que, desde la referida fecha, Nuestra Señora de Zapopan cambió su nombre de la Concepción por el de la Expectación, o Nuestra Señora de la 0., siendo su fecha titular hasta nues­tros días, el 18 de diciembre.

El templo de Nuestra Señora, reconocido ya como San­tuario desde 1660, también era Curato, porque la cabe­cera de la parroquia de Atemajac, pocos años antes, se había trasladado a Zapopan.

Por el año de 1690, el obispo don Santiago de León Garabito, no solamente dio los primeros pasos en la cons­trucción de un gran santuario (es el actual), sino también, movido de su tierna devoción a Nuestra Señora de Zapopan, estableció al frente de la iglesia su casa de des­canso. En su tiempo, la ciudad de Guadalajara padeció el flagelo del hambre, peste y mortandad. Entonces, el piado­so prelado hizo conducir la Sagrada Imagen desde su San­tuario de Zapopan a la iglesia Catedral, en donde se le celebró un novenario de misas, y cesaron las calamidades. Movido por este prodigio, ordenó se levantaran otras infor­maciones sobre nuevos milagros de la Virgen María; infor­maciones que fueron aprobadas y el prelado mandó que se publicaran en letra de molde. Esta fue la segunda serie de milagros.

En 1721, otra gran peste diezmaba los pueblos y aca­baba con familias enteras en pocos días. La ciudad de Gua­dalajara estaba al borde de la ruina. El señor obispo don Manuel de Mimbela y Morlans (franciscano), experimentó personalmente los favores de la Santísima Virgen María, cuando, estando para morir, le fue llevada la sagrada imagen desde Zapopan. En esta ocasión de la gran peste, la sagrada ima­gen fue colocada en el altar mayor de la santa iglesia Catedral, y celebrado su novenario de misas cantadas, la Gran Señora, en su milagrosísima imagen, retiró instan­táneamente la peste.

La creciente devoción a Nuestra Señora de Zapopan se vigorizó mucho más con la dedicación del hermoso San­tuario, el 10 de septiembre de 1730. El señor obispo de León Garabito había iniciado la obra material, grandemente impulsada por el obispo Diego Camacho y Ávila y final­mente concluida, por el señor obispo Carlos Gómez de Cervantes y Cadena. El orden arquitectónico del interior del Santuario - ahora Basílica Menor - es dórico - colonial, bóvedas góticas y retablos, unos compuestos, otros, jónicos y el mayor, corintio; su frontispicio es plateresco y, en cuan­to al detalle externo, armoniza y le imprimen estampa seño­rial las torres (las originales, no las actuales).

El Santuario quedó, exclusivamente aplicado a la cus­todia y culto de la sagrada imagen de Nuestra Señora, re­servándose la sagrada Mitra tapatía la vigilancia y la depen­dencia de todo lo concerniente a la santa imagen, a su Santuario y a su administración; mientras que el otro templo quedaba sólo para la administración y las funciones parroquiales.

El bachiller don Cristóbal de Mazariegos, capellán del con­vento de las Carmelitas Descalzas de Guadalajara y Mayor­domo de la Cofradía de Nuestra Señora de Zapopan, pre­sentó al señor obispo Gómez de Cervantes, con fecha 26 de julio de 1731, una Relación de veintiséis casos milagrosos. Enton­ces el señor obispo comisionó al señor cura de Zapopan, bachiller don Pedro Beltrán, que estudiase la susodicha relación so­bre los milagros nuevamente obrados por la Santísima Vir­gen María, en su imagen de Zapopan; recibiese, asimismo el dicho de los testigos, comprobase la veracidad de los casos presentados, lo mismo que la rectitud y la perfección de las diligencias. Este padre comisario trabajó seriamente y el 11 de agosto de 1733 puso en manos del señor obispo todo lo actuado; gracias a ello, debidamente revisado y aprobado, por tercera vez fue declarada Milagrosa Nuestra Seño­ra de Zapopan.

Si la Santísima Virgen María, en su sagrada imagen, había librado a la ciudad de enormes calamidades, ¿por qué, ahora, no habría de recurrirse a su patrocinio, cuando la ciudad de Guadalajara padecía, con tanta frecuencia, los estragos de las tempestades, de los rayos y de las centellas? -Movidos, escalonadamente los necesarios trámites para lograr la jura del patronato de nuestra señora de Zapopan sobre la ciudad de Guadalajara, y sus habitantes, procedieron devota y eficaz­mente los cabildos civil y eclesiástico, la Real Audiencia y el señor obispo Gómez de Cervantes. El señor obispo falle­ció el 6 de noviembre de 1734; pero ya estaba dada la apro­bación y estaba todo determinado para que la jura fuese el día 14 del mismo mes y año.

En el texto jurado por el Cabildo, Justicia, Regimien­to, Real Audiencia y Cabildo Catedral, leemos

 

Juran en toda forma de derecho a dicha Soberana Reina y Emperatriz de los cielos y tierra, María Santísima, cuya Milagrosa Ima­gen con título de la Expectación, ó de la 0, se venera en dicho pueblo y Santuario (de Zapopan), por protectora de rayos, tempestades y epidemias de esta nobilísima ciudad y sus moradores”.

 

La escritu­ra correspondiente al Cabildo Catedral, sede vacante, lleva fecha de 11 de noviembre de 1734.

Efectuada la Jura del Patronato (el estable­cido 14 de noviembre) con la   solemnidad que permitía la sede vacante, se dieron a conocer otras estipulaciones, a saber:

 

…para la venida que ha de hacer todos los años la mila­grosa imagen de su Santuario a esta ciudad, (se señala) el 12 de junio, víspera de san Antonio de Padua, para que el día 13 por la tarde se traiga en pública y solemne procesión de la Iglesia de Santa Teresa de Jesús a esta Catedral”.

 

Asimismo, para acompañar a la santa imagen desde Santa Teresa hasta la Catedral, y en ella celebrarle su novenario de misas cantadas, se nombraron dos representantes de cada cabildo. Además el señor obispo Gómez de Cervantes había concedido licen­cia para que cada año fuera conducida a Guadalajara la Sa­grada Imagen y, para que a su regreso, se hiciera la proce­sión acostumbrada en las veces que se le ha llevado. Por último, que anualmente se le tributarían reverentes cultos a la Soberana Señora en su milagrosísima imagen, venerada en su advocación y título de Nuestra Señora de la Expectación.

El 26 de diciembre de 1736 tomó posesión de la diócesis tapatía el señor obispo don Juan Leandro Gómez de Para­da, Valdez y Mendoza, quien, en 12 de mayo de 1748, de­terminó: que la Sagrada Imagen fuera llevada, anualmente a Guadalajara el 12 de junio y su regreso a Zapopan fuera el primero de octubre, “precisa e inviolablemente en su forlón, clavo a clavo y con toda devoción”. Mandó, asimismo, que la sagrada imagen fuera colocada en el altar mayor de la cate­dral hasta tanto se le hacía su novenario, entregándose la llave al tesorero, que por tiempo fuere, encargándole cela­se y cuidase que de ningún modo ni motivo, causa ni pre­texto, fuera removida ni saliera de la capilla la Soberana Señora para otra iglesia.

Por ese tiempo, para resguardo y protección, la sagrada imagen estaba bien guarnecida de plata, a saber: se le había encerrado, de la cintura abajo, en un vaso de plata, prote­giendo espalda y pecho por una placa, y la cabeza y cuello defendidos por un casquete: placa y casquete, también, de plata. El donante de semejante guarnición de plata fue el notario don Manuel González de Rojas, por el año 1713. Tal atuendo protector fue sustituido por otro, a manera de túnica, o mejor dicho, vestido de plata, que la sagrada ima­gen estrenó en el año de 1935: sólo quedan a la vista la carita y las manos; es más cómodo y seguro para cuando se le visten sus ropajes de lienzo. Siguiendo el ejemplo de sus antecesores, el señor obispo don fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada y Diez de Velazco (franciscano) manifestó su profundo reconocimiento a la Gran Señora, disponiendo, entre otras cosas, la construcción de las torres del Santuario (las torres viejas ), y mandó se le hiciera a la sagrada imagen el Camerín y que en lugar contiguo se acondicionase una pieza espe­cial, “para guardar el tesoro de la Virgen”; también para facilidad de los transeúntes, mandó fabricar un flamante puente de cal y canto, en el antiguo camino de Guadalajara a Zapopan.

Desde el año de 1813, empezaron a correrse los trámi­tes para la fundación de un Colegio Apostólico para la Pro­pagación de la Fe, como lo eran el de la Santa Cruz de Querétaro, el de Cristo Crucificado de Guatemala (La An­tigua), el de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas y el de San Fernando de la Ciudad de México. Gracias a las diligencias del señor obispo don Juan Ruiz de Cabañas y Crespo, a la generosidad de la madre Sor Manuela de la Presentación Fernández Barrena y Viscarra y, en fin, a los buenos oficios de don Juan Manuel Caballero, los religiosos franciscanos, procedentes del Colegio Apostólico de Gua­dalupe Zacatecas, se instalaron en las casas episcopales, frente al Santuario de Nuestra Señora de Zapopan. Esto ya fue en 1816, mientras se trabajaba, muy intensamente, en la fábri­ca material del convento. Por fin, en 1819, la Comunidad religiosa franciscana tomó posesión del convento, del San­tuario y de la custodia de la Sagrada Imagen Zapopana.

Para la construcción del ala norte del convento, fue necesario finiquitar el templo antiguo, que estaba unido al Santuario actual. Con ese motivo se comenzó a construir el templo de San Pedro Apóstol, para cabecera de la parro­quia, con los materiales del templo viejo que pudieron aprovecharse.

El 15 de septiembre de 1821, nuestra Señora de Zapopan fue proclamada Generala de las Armas del Ejer­cito de la Nueva Galicia, siendo adornada con las correspondientes insignias de Bastón y Banda, y marcialmente saludada con los 21 cañonazos de ordenanza. Poco después, al ser proclamado y reconocido el Estado libre de Jalisco, la nueva Entidad federativa fue puesta bajo la pro­tección de Nuestra Señora de Zapopan, ahora, con el título de Generala y Protectora Universal del Estado Libre de Jalisco.

Si bien, al tomar posesión del convento, la Comunidad Franciscana había nombrado su prelada a la Santísima Vir­gen María en su sagrada imagen de la Expectación, esa misma Comunidad ratificó su feliz elección, el 19 de di­ciembre de 1823, en memorable solemnidad; y al año si­guiente, el 9 de septiembre, también el pueblo zapopano hizo pública protesta de celebrar a su patrona, con el mayor esplendor posible, su fiesta. Protesta reiterada año tras año por religiosos y pueblo zapopano.

En un interesante decreto, fechado en Guadalajara el 15 de junio de 1825, firmado por el Vicario Capitular don Toribio González, se lee: “...Ya que desde tiempos muy an­tiguos estaba señalado y determinado el día 13 de junio para conducir a la misma Santísima Virgen; así como el 5 de octubre para regresarla a su Santuario: declaramos y fija­mos estos mismos días para todos los años venideros, sin que puedan alterarse por ningún título ni pretexto, a no ser que ocurra alguna calamidad pública extraordinaria, que lo sea a juicio del Superior Gobierno Eclesiástico de esta diócesis, y que por ello tenga un motivo poderoso para variar el día del regreso”.

En diciembre de 1852, el Coronel don José María Blancarte, reconociendo, nuevamente, el Generalato de Nuestra Señora de Zapopan, otra vez entregó nuevo Bastón y nueva Banda, ordenando se le rindiera a la Sagrada Imagen los honores militares correspondientes a su tan alto grado, con 21 cañonazos a su llegada a Guadalajara y a su regreso a Zapopan.

El padre guardián fray José María de Jesús Jiménez (padre Jimenitos) dispuso y arregló el atrio, que era panteón, le construyó verja y pórticos, todo de cantería; introdujo el agua potable, para uso del convento y del pueblo, trayéndola desde la Tuzanía; emprendió en fin, una total restaura­ción en el interior del Santuario. La conclusión de tales mejoras fue el 18 de diciembre de 1871, con solemnísima función religiosa.

El Santuario fue consagrado por uno de los preclaros hijos de este mismo convento, elevado a la dignidad episcopal, fray Buenaventura del Sagrado Corazón Portillo. La ceremo­nia de consagración fue el 17 de diciembre de 1880.

Otro padre guardián, dinámico, a pesar de sus acha­ques físicos, fray Bernardo de la Madre de Dios Anguiano (hermano del que fuera famoso padre Anguiano, del templo de la Merced de Guadalajara, apodado el santito). No sólo se propuso, sino que llevó a cabo la edificación de las nuevas y hermosas torres actuales del Santuario. Las torres antiguas comenzaron a ser derruidas el 2 de enero de 1889; pero las nuevas ya estaban concluidas en 1892. - don Ma­nuel M. Corcuera regaló el reloj y don Gabriel Castaños adaptó la fachada, tal y como ahora existe.

El 17 de junio de 1895, - esta vez a puerta cerrada -, tal vez “por miedo a los judíos “- en el templo de Santa Mónica, le fueron donados a la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de Zapopan, otro Bastón y otra Banda; regalo, según se propaló, del Presidente de la República el General don Porfirio Díaz.

El altar mayor del Santuario fue sustituido por otro de mármol de Carrara, que es el actual. La sustitución com­prendió todo el retablo, el tabernáculo y trono de la sagrada imagen, el altar propiamente dicho, con sus gradas para los candeleros, el piso y el comulgatorio. Todos los gastos de esta modificación corrieron por cuenta del insigne hijo de esta comunidad franciscana, a la sazón obispo de Aguascalientes, fray José María de Jesús Portugal y Serratos, que no vio concluido la obra por haber fallecido el 27 de noviembre de 1912. El nuevo altar fue consagrado por el recién ordenado obispo de Campeche y que muchos años había sido cura párroco de Tonalá, don Jaime Anesagasti y Llamas. Esta consagración fue el 17 de diciembre de 1909, mientras se seguía trabajando en los otros aspectos, según la modificación planeada.

El 18 de enero de 1921 fue día de gloria para los hijos amantes de Nuestra Señora de Zapopan, porque en ese día el prelado tapatío Dr. y maestro don Francisco Orozco y Jiménez, en presencia de dos Arzobispos y doce obispos, del Venera­ble Cabildo Catedralicio, de los prelados franciscanos: (Co­misario General y Provinciales de Michoacán y Jalisco ), del Clero Secular y Regular y multitud incontable de fieles que abarrotaban las naves y comizas de la Iglesia Catedral, ciñó las sienes de Nuestra Señora y Madre, con corona de oro, por autoridad pontificia. Y como conclusión de la emotiva ceremonia, al finalizar el canto del Te Deum y del Jura­mento de los Custodios de la sagrada Imagen, todos los prelados pasaron al altar y depositaron mitra y báculo a las plantas de la Gran Señora.

Con fecha 7 de octubre de 1934, la Sagrada Congrega­ción de Ritos declaró Patrona de la Seráfica Pro­vincia de Jalisco a Nuestra Señora de Zapopan.

Por breve pontificio, fechado el 10 de enero de 1940, Su Santidad el Papa Pío XII elevó a la categoría de Basílica Menor el Santuario de Nuestra Señora de Zapopan. Con solemnidades religiosas, ciclo de conferencias his­tóricas y festejos populares, en los días del 9 al 12 de junio, se celebró este feliz acontecimiento por la Provincia Franciscana de Jalisco, acompañada de representantes muy connotados de las Provincias Franciscanas del Santo Evangelio de México y de San Pedro y San Pablo de Michoacán.

Para celebrar religiosamente el IV Centenario de la fundación de Guadalajara en el Valle de Atemajac, se dis­puso una función conmemorativa, en el gran atrio del San­tuario zapopano, y se realizó, efectivamente, el 1o de marzo de 1942. Uno de los puntos de la emotiva ceremonia fue la entrega de las llaves de la ciudad de Guadalajara a nuestra Madre del cielo, en su sagrada Imagen de Zapopan. Estas llaves fueron regalo de las familias de Luis B. de la Mora, Jorge de la Mora y María Luisa Camarena, completa­do este regalo con su llavero de oro con diamantes, otrora pertenecientes a la señorita Vicenta Verea, y una cadenilla de oro, con un brillante de montadura y corte antiguo, obsequio de la señorita Esther Navarrete Cortina.

El 17 de enero de 1946, la Seráfica Provincia de Jalis­co celebró, con toda solemnidad, en el templo de San Fran­cisco de Guadalajara, el Patronato de Nuestra Señora de Zapopan, y al día siguiente, en la santa Iglesia Catedral, se festejaron los XXV años de la corona­ción pontificia.

El 22 de septiembre de 1947, la Venerable Orden Tercera Franciscana de la ciudad de Guadalajara se consagró a Nuestra Señora de Zapopan, aclamándola Madre, Reina y Patrona.

El 15 de agosto de 1954, para cerrar, con broche de oro el Año Jubilar y el Congreso Mariano, la sagrada ima­gen de Nuestra Señora de Zapopan, que había presidido las sesiones y los festejos religiosos, fue llevada de la Iglesia Catedral al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, y desde el altar dispuesto en la puerta principal de dicho San­tuario, ante la multitud de fieles que abarrotaba las calles adyacentes y todo el jardín frontero, el Pastor de la grey jalisciense consagró a María la ciudad, el pueblo, y la arquidiócesis de Guadalajara. Luego, como culminación del acto, elevando la voz, preguntó el pastor: “¿Queréis que pidamos al Vicario de Cristo que defina la maternidad espiritual de maría sobre los hombres como dogma de fe? ¡Si queremos! “

El 30 de noviembre del mismo año con motivo de celebrarse el IV Centenario de la definitiva fundación del convento de San Francisco de Guadalajara, le fueron dona­dos a Nuestra Señora de Zapopan un rico vestido con su cauda y aderezos, un escudo del estado de Jalisco, en lámi­na de oro adornado con piedras preciosas; otro escudo con el anagrama María y dos espadas de plata entrecruzadas y una corona en su parte superior; otro escudo de oro con las torres de la Catedral tapatía, y para no ser menos, también los ciclistas le regalaron un sable de oro.

El 19 de diciembre de 1955, la sagrada imagen fue llevada a Chapala en cumplimiento del voto que hiciera por la recuperación del Lago, el señor arzobispo don José Garibi Rivera. Durante su permanencia la santa imagen recibió el homenaje agradecido de sus hijos ribereños. Otra efigie suya fue llevada en acuática romería a la isla de los Alacranes, a tomar simbólica posesión del lago. El siguiente día 22, Nuestra Señora de Zapopan regresó triunfalmente a Guadalajara y de ahí a Zapopan. Fue y sigue siendo el grito jubiloso de los fieles hijos ribereños, unido al de los tapatíos: “¡El lago es tu trofeo de victoria!”.

El 30 de enero de 1979, vestida de gala, rebosante de alegría y rodeada del fervor de sus hijos franciscanos llega­dos, prácticamente, de toda la República, fieles venidos aun del extranjero y un medio centenar de arzobispos y obis­pos,  Nuestra Señora de Zapopan recibió la visita del más insigne y más devoto peregrino, S.S. el Papa Juan Pablo II. Con tal suceso, el renombre de Nuestra Señora de Zapopan llegó a todas las regiones del mundo.

Al cumplirse el primer aniversario de la inolvidable visita papal (30 de enero de 1980), la estatua broncínea del Papa Juan Pablo II, erigida en el lado norte del monumen­tal atrio de la basílica zapopana, fue develada en presencia del arzobispo tapatío, cardenal José Salazar López, acom­pañado del obispo emérito de Tlalnepantla, fray Felipe de Jesús Cueto, del Ministro Provincial fray Rafael Álvarez Par­tida, de la venerable Comunidad del convento y numerosos fieles que abarrotaban el gran atrio.

El 17 de septiembre de 1987, el señor arzobispo de Guadalajara, don Juan Jesús Posadas Ocampo, manifestó, por primera vez, la idea del Patronato de Nuestra Señora de Zapopan en favor de la Arquidiócesis de Guadalajara. El mismo señor Arzobispo, llevando esta sagra­da imagen de la Catedral tapatía a la Basílica de Zapopan, percibió el arraigo popular de nuestra Señora en el corazón de los fieles. Así lo manifestó en su carta del 26 de mayo de 1988.

Durante el referido año de 1988 se trabajó intensa­mente en difundir la idea del Patronato. De diversos modos y por diversos canales se fue instruyendo al pueblo católico sobre esta idea del Patronato. Tras el resultado de la auscultación del Consejo Presbiterial y de los 29 decanatos de la arquidiócesis, también llegó la alegre y decidida adhesión de la Provincia Franciscana y la alegre inserción de la Or­den Franciscana Seglar; entonces el señor arzobispo for­malmente procedió a solicitar de su Santidad Juan Pablo II, la declaración del Patronato de Nuestra Seño­ra de Zapopan para la Arquidiócesis de Gua­dalajara.

A través de la Sagrada Congregación para el Culto Di­vino se comunicó - cablegráficamente - a la Sagrada Mitra tapatía la concesión pontificia del Patronato. Fecha del ca­blegrama: 11 de octubre de 1988, firmado por el cardenal Prefecto Eduardo Martínez Somalo. - La proclamación del Patronato de la Santísima Virgen María, en su imagen de Nuestra Señora de Zapopan, se efectuó en la solemnísima misa celebrada el 11 de octubre de 1989, en el Estadio Jalisco. –

De las palabras del Rescripto pontificio se entresa­can estas frases: “María, en esta pequeña y sencilla ima­gen de nuestra señora de Zapopan, es patrona ante Dios, de la Arquidiócesis de Gua­dalajara.” “El patronato de María es de servicio, servicio de amor; servicio de madre que habrá de experimentar, cada vez más cla­ra y definitivamente, nuestra Iglesia particular de Guadalajara”.

El 30 de agosto de 1989, Su Santidad Juan Pablo II, estando en el Castillo de Castelgandolfo, bendijo la Vene­rable imagen de Nuestra Señora de Zapopan, que sería co­locada en una capilla, cercana a la colina de las Bienaventuranzas, en la Tierra Santa. Un centenar de pere­grinos mexicanos, conducidos por el señor obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara, Dr. don Adolfo Hernán­dez Hurtado, y los religiosos franciscanos portadores de la sagrada imagen, fray Samuel Franco Zermeño y fray Nahum Villalobos Avendaño, estuvieron presentes en la entrevista papal. Al siguiente día, todo ese grupo se dirigió a Tel-Aviv y de ahí al destino final de la sagrada imagen.

Con el fin de conocer el estado actual de conservación de la sagrada imagen de Nuestra Señora de Zapopan, dona­da hace cuatro siglos y medio por el bendito padre fray An­tonio de Segovia, se le hizo un reconocimiento en presencia de los miembros que integran las Comisiones diocesana y conventual y encargados del cuidado de dicha sagrada ima­gen, con asistencia, además, de algunos escogidos religiosos de la V. Comunidad y contadas personas seglares, por va­rias razones, muy allegadas a la Santísima Imagen de Nues­tra Señora. La reunión fue a las 12 horas del día 28 de octubre de 1992. Con admiración y gozo de los asistentes, se vio y comprobó el buen estado de la imagen, y, para restituirle el colorido en rostro y manos, para corregirle algu­nas escoriaciones y defectillos de poca monta, se encomen­dó al maestro restaurador, Juan José Méndez, el delicado trabajo. - El siguiente día primero de diciembre el referido restaurador entregó la sagrada imagen perfectamente recu­perada y coloreada, al P. Guardián y V. Comunidad, en presencia del señor obispo auxiliar don José Guadalupe Martín Rábago, de los Miembros de las Comisiones Diocesana y Conventual y de algunas connotadas personas seglares, es­pecialmente invitadas.

La sagrada imagen de Nuestra Señora de Zapopan es­tuvo presente en las dolorosas circunstancias fúnebres y solemnísima misa exequial del amado hijo que tanto hizo por honrarla, darla a conocer y hacerla amar de la grey cató­lica jalisciense, Eminentísimo Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en aquel trágico triduo (24, 25 y 26 de mayo de 1993) que pasará a la historia como fecha imborrable de la Arquidiócesis de Guadalajara.

Nuestra Señora de Zapopan es una escultura que re­presenta a la Inmaculada Concepción, mide 34 centímetros y dos milímetros; viste túnica de talla pintada de color car­mín y su manto de color azul. En la actualidad, está cubier­ta por un vestido de plata que sólo le deja libres y a la vista la carita y las manos; así protegida, admite cambio de ropa­jes sin peligro de que se le deteriore.

Desde el día primero de junio hasta el día once de octubre de cada año, Nuestra Señora de Zapopan está en la ciudad de Guadalajara, San Pedro Tlaquepaque y San Andrés Tlaquepaque, visitando día a día los templos de antemano se­ñalados por una comisión de sacerdotes seculares y de reli­giosos, con aprobación de la Sagrada Mitra. Los tres últimos días de visita se reservan para la santa iglesia Catedral. El día 12 de octubre, celebrada la misa de despedida, se organiza la Romería de regreso a Zapopan. La sagrada ima­gen, vestida con indumentaria de viajera, es conducida triunfalmente a su Basílica por millares y millares de fervorosos hijos. ¡Y así es cada año!

Emulándose en homenajear a Nuestra Señora de Za­popan las instituciones, los gremios y las agrupaciones de algún significado social, jaliscienses en general, y en espe­cial los tapatíos, han venido a colocarse bajo las divinas plantas de la Madre, de la Reina, de la Señora de Jalisco y dueña, especialmente de su mimada hija, la hermosa ciudad de Gua­dalajara. - Quienes sean sinceros, aunque reticentes y puntillosos, o la den de indiferentes y descreídos, aquí tie­nen el peso de la evidencia y la rotunda razón de una reli­giosidad popular, en todo caso, respetabilísima y envidia­ble.



El R. P. fray Rafael Cervantes Aguirre, ofm., de la provincia de los Santos Francisco y Santiago en México, nació en Jamay, en 1917. Murió en la Casa Provincial de Zapopan en el año 2004. Sin más pretensiones que airar su redacción clara y su erudita ciencia, redactó muchas obras de carácter historiográfico, como los Datos, que aquí se publican, que se toman de un documento suyo sin fecha ni pie de imprenta.

Dávila Garibi J. Ignacio. Del Náhuatl al Español, Tacubaya, 1936, pág. 47.

 

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