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Curso de conservación de obras de arte

y objetos litúrgicos en recintos religiosos

 

  Mirta Insaurralde

  

Una cultura de la prevención ahorraría desastres graves e irreversibles tan sólo tomando en cuenta algunas providencias como las que aquí se proponen.

 

Capítulo XXXV

El riesgo de incendios en temporadas decembrinas

En la entrega anterior se analizó el riesgo que corren los bienes culturales ante los desastres naturales. Cuando se habla de “riesgos”, en un sentido genérico, se deben contemplar varios factores: la amenaza en sí misma, la probabilidad de que tal o cual fenómeno acontezca, el daño que eso causará sobre los acervos y la vulnerabilidad del contexto.

Las catástrofes naturales, por ejemplo, son amenazas sobre las cuales los humanos no podemos tener control; los lapsos probables en los que pueden sobrevenir generalmente pueden consultarse en las estadísticas, esto nos da un rango probable de incidencia. Por otro lado, el daño que un fenómeno específico es capaz de causar sobre los bienes culturales puede ser estimado por los especialistas. Pero finalmente, el aspecto en el que podemos trabajar para reducir los daños, es en la vulnerabilidad: si tomamos una serie  de medidas preventivas y mejoramos la capacidad de respuesta ante estos acontecimientos, podremos reducir de manera significativa los daños sobre los bienes patrimoniales que se resguardan en los recintos religiosos.

Dicho lo anterior, volvamos a analizar el riesgo de que se inicien incendios en temporadas decembrinas. Ya se ha señalado que la costumbre de encender velas en los altares, retablos, ante las esculturas o pinturas, cuando no se toman las precauciones debidas, pueden iniciar incendios. Sumado a lo anterior, materiales como madera, textiles, papel, pueden propagar el fuego de manera muy acelerada. Debemos poner especial interés en las fiestas de fin de año, ya que la feligresía se congrega en estas temporadas para diversas celebraciones litúrgicas, con el riesgo concomitante de que las aglomeraciones pueden ocasionar la caída de las velas, veladoras, cirios u otros artefactos de este tipo.

Además es muy frecuente que en estas temporadas se realicen despliegues pirotécnicos, o que algún cohete alcance al edificio o al material circundante.

Como señalábamos en párrafos anteriores, lo importante es implementar una serie de estrategias para reducir la vulnerabilidad ante los incendios. A continuación ofreceremos algunas sugerencias:

·        Eliminar los materiales combustibles o inflamables de las zonas donde se encienden velas, o incluso de las cocinas o áreas de preparación de alimentos que se encuentran en los conventos, templos y demás recintos religiosos. Nos referimos específicamente a materiales de desecho, como cartones, restos de madera, papel, que muchas veces se acumulan en pasillos, bodegas, sótanos y otras áreas que no están a la vista o al cuidado permanente de los custodios. Estos materiales son potenciales propagadores de incendios.

·        Realizar la revisión periódica de las instalaciones eléctricas, ya que un cortocircuito puede desprender chispas que inicien un incendio.

·        Restringir las áreas para colocación de velas y veladoras y desplegar un constante control de esas zonas. Se puede encargar a una persona específicamente que realice rondines en esa sección, verificando que las velas se encuentren en la zona y posición indicada y retirando las que representen algún riesgo.

·        Evitar la colocación de juegos pirotécnicos en los techos, azoteas, cubiertas y proximidades de los edificios.

·        Para incrementar la velocidad de respuesta, es importante contar con suficientes extintores, ubicados en zonas visibles y de fácil acceso, distribuidos en todo el edificio y muy especialmente en las cercanías del material combustible.

·        También es importante tener un plan de contingencia que contemple las rutas de evacuación; ya se ha mencionado que estas deben estar claramente señalizadas.

·        Es fundamental la realización periódica de simulacros de evacuación, y la distribución de roles: cada uno debe saber qué hacer y cómo actuar en estos casos.

·        Como en la entrega anterior, recalcamos la importancia de contar con un inventario completo de los objetos patrimoniales y con un mapa de ubicación de todas las piezas, indicando cuáles son las más importantes y por tanto deberán ser evacuadas de manera prioritaria.

·        Tener a la vista los teléfonos de emergencia, principalmente de los bomberos y de protección civil.

·        Tener registrados los teléfonos de la delegación regional del INAH para dar aviso inmediato y solicitar apoyo en caso de que los objetos de valor patrimonial hayan sufrido algún daño.

 

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