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Curso de conservación de obras de arte

y objetos litúrgicos en recintos religiosos

 

 

Mirta Insaurralde

 

 

 

Para preservar un acervo de bienes culturales, hoy como nunca, se enfrenta el problema de la polución, cuyos efectos degradantes pueden detenerse a cambio de tomar algunas medidas de seguridad y mantenimiento, como las que aquí se sugieren

 

 

Capítulo XXXI

Efectos nocivos de la contaminación atmosférica sobre los bienes culturales tangibles.

Para abordar este asunto es importante recordar que el aire que respiramos está compuesto básicamente por oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono en concentraciones variables, además de otros gases y algunas partículas sólidas.

El agua también forma parte de la atmósfera, y se manifiesta en forma de humedad (relativa o absoluta). Esta humedad contenida en la atmósfera tiene la capacidad de alterar físicamente a los materiales higroscópicos, como la madera, papel, textiles, yeso, etc., pero sobre todo, es capaz de disgregar otros compuestos y servir como vehículo de los contaminantes disueltos en ella, como sales y ácidos.

La concentración del dióxido de carbono presente en la atmósfera, al igual que el rango de humedad relativa, puede incrementarse en los lugares muy concurridos por personas, ya que el dióxido de carbono y el vapor de agua son subproductos de la respiración. A su vez, el dióxido de carbono al combinarse con el agua, puede formar ácido carbónico, que aunque es un ácido débil, puede ocasionar alteraciones en los objetos.

El oxígeno provoca la oxidación de materiales y el ozono, muy frecuente en zonas contaminadas, tiene gran poder oxidante; su efecto es especialmente dañino sobre los materiales orgánicos y capas pictóricas; además, puede combinarse con el agua y formar peróxidos de hidrógeno que dañan la celulosa, que es el componente esencial del papel, de los textiles de origen vegetal y de la madera.

Pero además de estos componentes naturales, la atmósfera también puede contener algunas sales; por ejemplo en zonas cercanas al mar se forman cloruros de sodio que pueden combinarse con otros compuestos o acumularse en la superficie de los objetos, llegando a condensar la humedad y a formar concreciones.

Todos los anteriores pueden considerarse “componentes naturales” de la atmósfera, pero adicionalmente, existen “componentes artificiales” comúnmente llamados “contaminantes”. Los contaminantes se forman como subproducto de la combustión y de los procesos industriales, y se incrementan bastante por efecto de las emisiones de los vehículos con motor. Uno de los compuestos más nocivos es el azufre, este se origina en la combustión y en los derivados del petróleo. El azufre puede experimentar una serie de transformaciones en contacto con el oxígeno del ambiente y con el agua, hasta llegar a formar ácido sulfúrico. Esta reacción puede desarrollarse en la atmósfera, ocasionando lo que suele denominarse “lluvia ácida”, pero también puede suceder en la superficie de los objetos cuando la concentración de humedad es suficiente, causando serios daños.

También debe tenerse en cuenta que algunos objetos y materiales presentes en el interior de los recintos, pueden liberar sustancias contaminantes. Por ejemplo las maderas impregnadas con productos “conservantes”, muchas veces liberan ácidos. Los “contrachapados” o “aglomerados” de madera, suelen contener formaldeído que en combinación con el agua, forma ácido fórmico. Los plásticos también suelen liberar productos ácidos, al igual que pinturas y barnices comerciales.

Como se ha visto, el efecto de los contaminantes está muy vinculado con otros agentes que actúan como catalizadores de las reacciones, como son el agua y la temperatura. Podemos sintetizar en tres puntos cuáles son las cuestiones que se deben considerar para minimizar los efectos nocivos de la contaminación.

Reducir el ingreso de los productos contaminantes al interior del recinto. Si bien las partículas de los contaminantes son muy pequeñas, en áreas muy contaminadas, o en las cercanías de zonas de en construcción, puede resultar conveniente mantener puertas y ventanas cerradas, esto impedirá también el ingreso del polvo y la posterior deposición en la superficie de los objetos. Como se ha mencionado en entregas anteriores, la instalación de mallas en las ventanas también constituye una barrera para el ingreso de algunos contaminantes ambientales, e incluso previene la intrusión de insectos, aves y mamíferos.

Controlar las condiciones ambientales. Como se ha señalado, el efecto de los contaminantes suele ser catalizado por temperaturas elevadas y por la presencia de humedad, por eso el control de estos factores previene en gran medida el desencadenamiento de reacciones peligrosas. En entregas posteriores retomaremos las recomendaciones para controlar estos dos factores en el interior de los recintos.

Realizar un monitoreo constante del estado de conservación de las piezas. Especialmente en los inmuebles que se encuentran en zonas urbanas con alto índice de contaminación como es la ZMG, conviene realizar un monitoreo constante de las obras, para detectar precozmente cualquier actuación y llevar a cabo las acciones de conservación y restauración necesarias, antes de que el daño sea demasiado grave.

 

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