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Memoria de la visita pastoral a San Luis y Pochotitán, de la feligresía de Jalisco

O semblanza del obispado de Guadalajara en 1678 (11ª parte)

 

A cargo de la sección de la crónica diocesana[1]

 

El topónimo Jalisco lo tiene por propio derecho lo que hoy es un modesto suburbio de una entidad federativa –Nayarit- que hace un siglo se desmembró del que actualmente lleva aquel nombre. De gran relieve resulta exhumar algunos informes relativos a esta comarca hace más de tres siglos, con esta salvedad: aquí se alude a lo que hoy es Jalisco, Nayarit, no el Estado de Jalisco.

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Pueblo de San Luis

El 22 de diciembre de 1678, el obispo don Juan Santiago de León Garabito y su séquito llegaron al pueblo de San Luis, de la jurisdicción de Jalisco, luego de recorrer una distancia de poco más de treinta kilómetros, siempre a lomo de bestia, de su punto de partida, Santa María Aquitapilco.

Fueron recibidos por el cura doctrinero fray Antonio Fernández, OFM, los alcaldes y principales del pueblo. Al caer la tarde, el prelado administró el sacramento de la confirmación a setenta y un fieles.

De la visita al templo se dice que la obra material era de adobe, cubierta de paja; que su altar mayor tenía un paramento de san Luis obispo y una escultura de Nuestra Señora de la Concepción en su tabernáculo. Adornaba el altar, carente de ara, un frontal de damasco de flores blancas y galón de oro, con manteles, palia, misal. El prelado dispuso la confección de una mesa pequeña donde se colocaran los ornamentos para revestirse el oficiante antes de las celebraciones litúrgicas, para que no lo hiciera directamente en el altar, como era el uso allí. También se echó de menos la pila bautismal.

El ajuar en textiles de esa comunidad se reducía a una casulla de damasco de flores blancas y una capa pluvial, del terno del frontal. En orfebrería, se halló un incensario, naveta y cuchara de plata y en metales, dos candeleros de azófar.

No hubo cuentas que dar de la cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, responsable del hospital, a cuyo mayordomo y prioste pidió el obispo moderación en sus gastos, dándoles licencia para pedir limosna; dispuso también la fabricación de una sala para los enfermos, con capacidad al menos para dos camas altas, con sus colchones, sábanas, almohadas y frazadas, dos lancetas y un sajador. Les prohibió también que recompensaran en especie a las autoridades que asistían habitualmente al herradero del ganado de la cofradía, que contaba 359 reses, 6 caballos mansos y 15 yeguas.

También comparecieron los responsables de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción del pueblo de Santiago Pochotitlán, con desfalco por haber gastado más de los veinte pesos autorizados en sus constituciones fundacionales. Su haber era de 316 reses herradas, 5 caballos mansos y 25 yeguas con su garañón.

El presbítero don Juan de Sedano, visitó el templo de esta localidad, en lo material hecho de adobe, techado de paja, encalada la mitad del templo; un altar vestido con frontal de damasco colorado, con frontaleras de terciopelo colorado, y manteles de ruan. Hacía las veces de retablo un paramento grande y decente dedicado al apóstol Santiago. El hospital era también de adobe, techado de paja, sin puertas, desprovisto de todo ajuar, que se mandó proveer cuanto antes, adquiriendo para ello lo necesario: camas, colchones, frazadas, jeringa, lancetas, sajador y ventosas. En su capilla se veneraba una pintura de la Inmaculada Concepción y una talla del mismo título; un crucifijo viejo, considerado indecente, se mandó fuera aliñado o en su defecto, enterrado.

A la mañana siguiente, a eso de las nueve, la comitiva dejó San Luis, encaminándose al ingenio de azúcar de Felipe de Liñán, administrado en ese tiempo por Lorenzo de Mora.



[1] Hizo la paleografía del texto original la Arq. Verónica Cortés Alba.

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