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La Virgen de Zapopan, Madre de la Misericordia, nuestra esperanza

Homilía en la misa de la romería de la Virgen de Zapopan a su paso por el templo de San Ignacio de Loyola


G. Ramiro Valdés Sánchez[1]

 

La ‘llevada’ de la taumaturga imagen de Nuestra Señora de Zapopan, congrega uno de los plebiscitos de fe más nutridos del mundo. De gran importancia será rescatar las catequesis públicas de cada año suscita ese acontecimiento, pues en cierta forma, toman el pulso a la experiencia cristiana de la arquidiócesis de Guadalajara

 

Santo es su nombre y su misericordia se extiende de generación en generación.

“Cristo ayer, ahora y por siempre, principio y fin, alfa y omega, suyos son los siglos y los tiempos, a Él la gloria y el imperio por los siglos de la eternidad. Amén”.

Así lo proclama la palabra de Dios que afirma también que Cristo es la piedra angular, en quien tiene su cimiento el pueblo santo de Dios, que se edifica sobre los Apóstoles y los profetas (Ef 2,20).

El pueblo de profetas, sacerdotes y reyes, la Iglesia, que en el correr de los tiempos va celebrando los principales acontecimientos de su historia con años jubilares, años de júbilo y gozo, porque se completan especiales períodos de tiempo en que el Señor derrama sobre sus elegidos, especiales bendiciones de su misericordia.

Como en este Año Sacerdotal proclamado por el papa Benedicto XVI, en el aniversario 150 de la entrada al cielo del Santo Cura de Ars.

La Virgen de Zapopan, patrona de nuestra Arquidiócesis, desde hace 468 años ha protegido a las comunidades cristianas del Occidente de México. Ella ha acompañado con su amparo maternal a los fieles cristianos, a sus pastores, sacerdotes y obispos de Guadalajara.

Esta venerada imagen de la misma Virgen María, la doncella de Nazaret, que corrió presurosa para visitar a su prima Isabel por las montañas de Judá y allí entonó una canción para expresar la alegría de su corazón y cantar las alabanzas por las maravillas de la bondad y la misericordia de Dios. Por eso, la Virgen María afirmó claramente: “Santo es el nombre de Dios, su misericordia se extiende de generación ene generación”.

Nosotros experimentamos el cariño de Dios, que nos lo expresa con la luz de cada mañana, el viento fresco del día, el aire que respiramos, pero, sobre todo, con el regalo de su Hijo Jesucristo, que es la Palabra de Vida, sacrificio de salvación y el banquete de la comunión de su cuerpo y de su sangre en la santa Eucaristía, y todo bajo la protección maternal de la Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra.

Jesucristo es el mismo, ayer, ahora y siempre, Él es la fuente del agua viva que brota de su corazón para purificar las miserias y maldades de toda la humanidad.

Los hombres de hoy somos atacados por las fuerzas del maligno, el padre de la mentira, del demonio que con errores y falsedades quiere engañar a todos provocando la confusión y el desconcierto, especialmente en las nuevas generaciones, propagando las falsas doctrinas del materialismo ateo, hasta la negación de Dios.

 

Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, y ella te aplastará la cabeza.

Jesucristo, el Hijo Divino, descendencia de la Mujer María, aplastará las fuerzas del demonio y dará a todos la victoria de la salvación, porque es Santo el nombre de Dios y su misericordia se extiende de generación en generación, alimentando en todos la esperanza de la salvación eterna.

La Virgen de Zapopan, la pacificadora que alcanzó el armisticio entre contendientes irreconciliables en el baluarte del cerro del Mixtón, trajo el bienestar y la prosperidad a los habitantes de la Nueva Galicia hace más de 460 años, ahora desarmará al demonio y a sus secuaces, para que triunfe Jesucristo, el Sumo Sacerdote, que regala el don del sacerdocio ministerial a sus llamados, sacerdotes y obispos, constituyéndolos maestros de la Palabra de Dios, ministros de los sacramentos, pastores y guías de las comunidades cristianas.

Estamos aquí reunidos para implorar bendiciones espirituales y materiales para todos nosotros, que ya vivimos en el Tercer Milenio, y muy especialmente para el señor cardenal don Juan Sandoval, arzobispo de nuestra Arquidiócesis de Guadalajara.

En este Año Sacerdotal y hoy en esta piadosa romería, desde la catedral de Guadalajara hasta la basílica de Zapopan, elevamos nuestras voces y los afectos de nuestro corazón para decirle a la Virgen María, nuestra Señora de Zapopan: ¡Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, salve. A tí llamamos los desterrados, en este valle de lágrimas, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, el fruto bendito de tu vientre, oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María. Amén.



[1] Texto cedido gentilmente por su autor, Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien lo pronunció la mañana del 12 de octubre del año 2009.

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