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Desde mi sótano

Primera publicación de la resistencia activa de los católicos (8ª entrega)

 

Joaquín Cardoso, SJ, y otros

 

En el número 10 de esta publicación, que lleva por fecha el 28 de octubre de 1926, se atisba ya, en las vísperas de la guerra cristera, el tono de una narrativa que deambulando de la ironía a la causticidad, es ya preludio del paso de la resistencia pasiva a la activa por parte de los católicos

 

¡Chin! ¡patachin! ¡chin! ¡chon!

La comedia ha comenzado. Teatro escogido para la primera escena: la Cámara de Diputados. Actores y músicos: los Padres Conscriptos.

Soto y Gama toca el bombo. Bordes Mangel la chirimía. Lombardo Toledano la jarana parrandera de los socialistas. Romo los platillos, porque hay que hacer mucho ruido, y Álvarez y Álvarez el contrabajo, porque habla trabajosamente, el pobre señor.

Al levantarse el telón, / sale la revolución / gritando: No Reelección / y levanta su pendón / de muertos en un millón / ¡chin! ¡patachin! ¡chin! ¡chon!

Estos son los primeros versos y ellos se resumen toda una tragedia de veinte años. Años en que los mexicanos hemos llorado no lágrimas de cocodrilo, sino lagrimones verdaderos, tamaños como avellanas y amargos más que las aguas de los mares.

Después se enreda el diálogo. Se habla de Tuxtepec, de dictadura porfiriana, de compadrazgo Díaz- González de los treinta años de “metido progreso” en tiempos de don Porfirio, porque para progreso el de “ahorita mesmo”. Luego, hay una lección cita muy amena de gramática, yo creo que parda, a la luz de un diccionario de la Academia: que si reelección no es lo mismo que redoblar o que revolcar o regoldar, o que si es lo mismo, pero diferente: todo esto, claro está en tono de RE (cuidado con un buzno aquí, porque no pega). Luego se intercala un que nos hace reír a mandíbula batiente: figúrense ustedes no más, que el que está hablando de gramática dice que lo hace porque supone (ya es suponer) que todos los señores Diputados allí presentes han cursado el sexto elemental…

Y como la cosa es tan inverosímil, el chiste da chispa.

Por fin resulta que reelección no es volver a elegir sino continuar gobernando y se aplaude, y aplaude a rabiar la nueva acepción de la mantada palabrita, porque eso era lo que quería demostrar.

Para entre nos, todo esto se parece mucho a “La marcha de Cádiz” ¿Se acuerdan ustedes del célebre clarinete Pérez, que toca y toca pero que no es él sino el que está detrás de la puerta? Pues aquí me malicio que tanta orquesta, no la manejaban los que vemos, sino los que no vemos; porque se escucharan varios gritos de Cállese, Cállese, y luego otros gritan, Obregón, Obregón. Palabra de honor que hubiera dado yo tres centavos, por ver quién estaba detrás de la puerta.

¡Chin! ¡patachin! ¡chin! ¡chon!

 

La comedia continúa

Y salen a relucir, por supuesto que nada más de habladas, unos personajes a los que los farsantes muestran mucho miedo: un tal clero y otro que debe ser su mujer: clerigalla. Bien a bien no se entera uno de por qué lo sacan a cuento, pues nadie les daba vela en este entierro. Pero debe ser una obsesión de los farsantes, porque venga o no venga a pelo salen el clero y la Clerigalla, y ¡los ponen como no digan dueñas! Por esta obsesión supongo que todos deben de tenerles mucho miedo. ¡Si será la mala conciencia!

Por fin todo se reduce, a que si se trata de el glorioso manco de Celaya, la reelección, no es reelección, sino ¡el hombre necesario y vénganos ustedes con tosecitas!

Ah! se me olvidaba, todos los diputados, (perdón, los farsantes) se pasa de mano en mano un platillo de almodrote que llaman Constitución de 17. Unos le pegan tres o cuatro “lambidas”, otros le hincan los dientes, otros se suenan las narices en él, otros lo besan llorando, otros con unción mística lo llaman la “ley suprema e intangible” aunque no debe ser tan intangible cuando tantos la manosean, y por fin se tiran con el plato a las cabezas.

La cosa se va poniendo sería / y entonces aparece la reacción /           que tocándoles viene un gran violón… / todos chillan en tono maricón /           porque le tienen miedo a ese ratón. / ¡Chin! ¡patachin! ¡chin! ¡chon!

El primer acto va a terminar.

Se resuelve, que se mande a paseo a doña No-reelección, porque si no Alvarito, el niño mimado (o temido del profeta Elías) se va a enojar.

Y entonces ¿pa que peleamos? / ¡Ah que ustedes! pues ¡para eso…! / Pero yo me temo, que los otros actos / van a ser de tragedia y no de             comedia.

Y termina la sesión.

Telón.

¡Chin! ¡patachin! ¡chin! ¡chon!

 

El Licenciado Verdad

¿Cuándo acabará esto?

            Esta es la preguntita de momento. En el tranvía, en el paseo, en la tienda, en la plaza del mercado, en la cantina…conocidos o desconocidos, apenas se traban dos palabras y ya sale el: ¿Cuándo se acabará esto? ¿Cuándo se acabará? Cuando los católicos sin faltar uno, se decidan a que esto se acabe.

¿Pero cómo se verá que están decididos? Cuando se resuelvan a ser católicos en la práctica; cuando por obtener su libertad se dejen todos de asistir a diversiones pecaminosas; cuando por solidaridad y nobleza acompañen a aquellos de sus hermanos que desde el principio de tantas infamias, se decidieron a guardar inflexiblemente el boicot; cuando no enciendan una vela al diablo y otra a san Miguel, y mientras se escandalizan de lo que hacen los impíos contra la religión y la justicia, se van a los cines, y se visten a la moda y se cubren de alhajas y ayudan así a los impíos en su obra.

¿Pero si el boicot no da resultado?, ¡ya se está viendo!

¿Está usted seguro de que no ha dado resultados? Respóndame usted a esta pregunta ¿cree usted que la medicina que mande un medico tomar cada hora dará resultado si se toma cada día? y a esta otra: ¿cree usted que el boicot dará resultado si lo practica la mitad de los que debían practicarlo? Sí, como la medicina, su efecto será más lento pero siempre producirá alguno. El boicot ha hecho mucho, créalo usted, usted no lo sabe porque hay muchos interesados en no decir todo, pero acostúmbrese usted a leer entre líneas en los periódicos. Y sobre todo cumpla usted con el boicot y haga que sus amigos y conocidos tengan un poquito de vergüenza si lo quebrantan y ¡ya verá usted!

 

Procedimiento de estafadores

Un periódico de la tarde dio la noticia de que un empleado del Ayuntamiento capitalino valiéndose de su credencial que como tal lo acredita, se colocó de la misma manera que suelen hacerlo, los confidenciales de gobernación, en una casa particular donde se estaba celebrando un matrimonio y turbó la fiesta fingiéndose agente del gobierno y dispuesto a llevarse a todos a los sótanos de la Inspección hasta que una persona de los asistentes le dio doscientos pesos porque se “hiciera de la vista gorda”. Todo esto no fue más que una estafa, a la que han dado ocasión los procedimientos anticonstitucionales, que se emplean en estos contra los católicos. De todas maneras advertimos a todos, que antes de dejar a nadie catear la casa, o aprehender a una persona, se hable por teléfono o bien al general Cruz en la Inspección de policía, o bien al coronel Delgado, en el Departamento Confidencial del ministerio de gobernación, o por lo menos al comisario de la demarcación respectiva, preguntándoles si hay orden de cometer aquella fechoría. De otra manera se expone uno a una estafa de cualquier aprovechado, aunque sea técnico o gobernador.

 

Los Alzados

La prensa de todos los días, nos traen en algunos rinconcitos y como a hurtadillas, noticias de que por aquí y por allá han preparado partidas de alzados, a los que invariablemente se califican de gavillas de bandidos.

Perfectamente, no me opongo, ¡a mí plin!

Pero ahora han aparecido otros alzados en la Capital de la República, y esto sí que es grave.

            En efecto los ex - leperitos hoy líderes de la CROM se han alzado a mayores. Y así como los genuinos bandidos, odian a los jueces policías y etcétera porque estos representan el orden, y aquellos el desorden; así los alzados de la CROM, se dejan venir lanza en ristre contra el juez Cauto, porque ese señor en cumplimiento de sus deberes ha aplicado la ley de amparo, cuando su conciencia se lo manda, que para eso es juez.

Y como los alzados de camino real, quisiera ver colgados de un huizache a todos los jueces del mundo, los alzados de la CROM exigen, esta es la palabra, porque entonces, ¿para qué se alzaron? Exigen que se destituya al juez Cauto.

 

La legalidad

Un día después que el problema religioso, el conflicto religioso, mejor dicho, adquiera los caracteres de gravedad que hoy presenta, debido a las cláusulas absurdas del derecho del dos de julio, el general Calles declaraba que no hay persecución religiosa en México, que su gobierno trata únicamente de hacer cumplir la ley y que estaba dispuesto a cumplir con todas las otras leyes vigentes en la República, ya que su más vivo deseo es el de obtener una legalidad estricta.

Desde entonces, obedeciendo la batuta de Chapultepec, todos los corifeos del callismo elevaron sus voces-casi siempre destempladas- y se dieron a gritar en todos los tonos, lo mismo en México que en el extranjero, las estrofas de una misma canción; en la República mexicana no hay persecución religiosa; no hay tampoco conflicto religioso; el general Calles solo quiere el cumplimiento exacto de las leyes, el reino de la legalidad.

Ahora queremos únicamente echar un vistazo sobre la pretendida ansia de legalidad del gobierno del general Calles, para demostrar que no existe en ese gobierno el menor deseo de hacer que las leyes vigentes se cumplan y que la aplicación de las cláusulas antirreligiosas de la Constitución y de tantos decretos y disposiciones gubernamentales no tienen otro fin que el de satisfacer un odio verdaderamente musulmán contra la religión católica, contra los ministros de esta religión y contra los católicos en general.

Y para alcanzar nuestro objeto no tenemos necesidad de rendir pruebas, que todos tenemos al alcance de la mano. Nos basta recordar multitud de hechos sucedidos lo mismo en el distrito Federal que otras entidades de la República, desde el Bravo hasta el Suchiate.

Aquí en México tenemos un rábula que manda reducir a prisión a los intrépidos agentes de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, y que, no obstante ser abogado y tener, por lo mismo, conocimiento cabal de las leyes, jamás consigna dentro de las cuarenta y ocho horas de reglamento a sus víctimas.

Aquí en México tenemos a los técnicos y otros tantos soplones de oficio, que sin más ordenes que los cilindros de sus pistolas y la insolencia de su salvajismo, allanen moradas, insultan a gentes de bien y ordenan en sus ratos de ocio complots moribundos, casi siempre encabezados por mujeres inofensivas.

Aquí en México…pero ¿para qué seguir enumerando las faltas flagrantes a la ley, los hechos dirigidos precisamente contra las disposiciones legales elementales? Aquí en México todo el mundo sabe de memoria que no hay tal afán de cumplir la ley; que por el contrario, todo se hace ni siquiera al margen de la ley, sino contra la ley misma.

Las molestias que continuamente sufren los católicos: cateos domiciliarios, groseras pesquisas, aprehensiones sin causa, ni fundamento, ¿quieren decir que el gobierno está aplicando estrictamente las leyes?

El caso de que los jefes militares hacen de amparos y otros procedimientos legales, plenamente reconocidos por la Constitución, ¿prueban el afán de la legalidad del gobierno del general Calles?

Pero los corifeos del callismo seguirán gritando en todos los tonos, lo mismo que en México que en el extranjero, las estrofas de la misma canción: en la República mexicana no hay conflicto religioso: el general Calles- su gobierno- sólo quiere el reinado de la legalidad, el ¡¡¡cumplimiento exacto de todas las leyes!!!

 

Boicot

(Con la música de ‘Morir por tu amor’, por T. Pinto)

I.                   Ir a la inspección, / qué dicha ha de ser / en medio de cuicos salvajes /  que casi nos quieren comer / Y luego llegar / ante el inspector, / que pone la cara / de nahual, de tastuán, de tejón. / ¡Cantad! ¡cantad! ¡cantad! ¡cantad! / Que al cabo la cárcel no come. / ¡Reíd! ¡reíd! ¡reíd! ¡reíd! / que libres nos dan, si son hombres. / ¡Boicot! ¡boicot! ¡boicot! ¡boicot! / Palabra que encierra un misterio. / Su nombre es sacrosanto / porque el miedo servil nos quitó.

II.                Lanzarme al boicot, / sin un alfiler… / al grito de gloria y de triunfo / que dice ¡”Viva Cristo Rey”! / Gritar con pasión, / volver a gritar / ¡A cada descarga /           con que intentan el grito acallar! / ¡Cantad! ¡cantad! ¡cantad! ¡cantad! / ¡Que al cabo mi Cristo no muere! / ¡Reíd! ¡reíd! ¡reíd! ¡reíd! / ¡Que al cabo contra Él nadie puede! / ¡Boicot! ¡boicot! ¡boicot! ¡boicot! / Aunque los tiranos relinchen: / que sepan y entiendan / que son libres los hijos de Dios!

III.              Tomar el fusil / contra una mujer / es cosa que no hacen los cafres / y aquí sí lo saben hacer, / llevar a prisión, / su sexo insultar / eso no sucede / sino en tierras que manda un tastuán. / ¡Cantad! ¡cantad! ¡cantad! ¡cantad! / que al cabo la cárcel no come/ ¡Reíd! ¡reíd! ¡reíd! ¡reíd! / En medio de los tecolotes / ¡Boicot! ¡boicot! ¡boicot! ¡boicot! / Así cantaremos alegres /   en calles y plazas, / en palacios y hasta en la ¡prisión!

 

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