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El paso del maestro

Carmen Villoro[1]

 

El nombre y la trayectoria del recién fallecido escritor Fernando del Paso, como director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz en 1992 en la capital de Jalisco, atan su nombre al de un monumento, el templo de Santo Tomás de Aquino, al servicio primero del colegio jesuita de ese nombre y después al de la Universidad de Guadalajara, al espacio cultural más relevante de esta ciudad. Ese proceso arrancó gracias a la buena disposición  que tuvo en su tiempo el Cabildo Eclesiástico de esta sede episcopal. Se publica ahora, en relación con ello, el texto que sigue, pronunciado por su autora en la ceremonia luctuosa de cuerpo presente que tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad, el 16 de noviembre del 2018.[2]

 

“Todos los días terminan por llegar algún día”, dijo ayer Paulina del Paso.

“Si fue un gran escritor, ni se imaginan cómo fue como padre”, dijo Alejandro del Paso.

“Mientras viajaba en el avión, veía los miles de twits y pensaba: ¡Cuánto cariño!, y eso me consolaba”, dijo ayer Adriana del Paso.

“Imagínate que uno siempre se muere de mala suerte, que morir es una afrenta, un agravio personal y una vergüenza, cualquiera que sea la clase, la hora y el lugar de la muerte”, dijo Palinuro.

“Escribiré, sí, de un hilo, como un río que nunca llega al horizonte, y cuando llame ave al ave, nacerá el ave de mis palabras, levantará el vuelo con las alas mojadas y se volverá en el cielo mil veces ave”, dijo Carlota.

Mientras te despedimos, querido Fernando, en este recinto en el que has estado tantas veces, de la Universidad que fue tu casa, los comentarios sobre tu vida y sobre tu obra se reparten por el mundo. Cientos, miles de lectores repiten las frases de tus novelas, los versos de tus poemas, las ideas lúcidas de tus ensayos. Fotografías y anécdotas invaden las redes sociales. Todos tenemos algo que contar y eso habla de tu generosidad, tu genio y tu gracia, en el mejor de los sentidos.

Eso pasa en el mundo. En tu ciudad, en tu terruño último, Jalisco, se percibe un murmullo colectivo, un polen luminoso flotando en la luz del Occidente.

Fuiste testigo, el último año de tu vida, de cómo cientos de estudiantes del valle de Ameca reprodujeron con cristales coloridos tus pinturas, crearon a partir de tu imagen y de tu obra otras obras, porque una piedra tirada en el estanque genera ondas que producen otras. Esculturas, escenas de teatro, canciones inspiradas y bailables. Llegaron cientos, traían en su canasta de jóvenes inquietos preguntas frescas y la mirada abierta para llevarse tu figura de caballero flor en la memoria, de maestro galaxia, de mago irreverente, de alto señor de la palabra. Se llevaron semillas, miles de semillas para sembrar en sus cuadernos y en sus IPad, para intentar, en los laboratorios del espíritu, divertidos injertos con tus frases. Eso pasó en el valle.

En el centro de la ciudad, donde los maestros tienen una avenida que hace esquina con el federalismo, recibiste a tus amigos escritores que vinieron a conversar contigo de tu obra, en particular de Palinuro de México, y del 68, esa herida que todavía nos duele. Tuvimos que acudir al auditorio grande por la afluencia de jóvenes. Alejandro, tu hijo, te tomó una fotografía con tus lentes color naranja donde se refleja un auditorio pletórico de muchachas y muchachos en estado de curiosidad y espera. Lo que enraizó esos días de barbecho lo sabrán las generaciones venideras, los futuros lectores de nuevos, inspirados escritores.

Mientras despedimos tu cuerpo, elegantemente vestido, como siempre, los alumnos de modas del cuaad de la barranca juegan con telas y botones para emular tu gusto por la vida. Se ponen girasoles en el pecho, palomas y castillos en puños y solapas, metáforas de Eros en el cuello. Y los artistas plásticos preparan ya tus libros, cocinados e intervenidos a su gusto, para ofrecértelos como un platillo nuevo en tu mesa de gourmet irredento.

Todo eso queda para siempre. Cumpliste tu ciclo humano, pero tu palabra se inserta en otros ciclos más amplios, ignorados, inéditos. Feliz viaje, amigo de todos nosotros.



[1] Psicóloga y psicoanalista, escritora, poeta y narradora, ha publicado tanto obras literarias (cuentos infantiles, prosa y poesía) como diversos ensayos en libros y revistas especializados en psicoanálisis.

[2] Este Boletín agradece a la autora su inmediata disposición para que el texto se publicara en estas páginas.



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