Beatos y Santos de Jalisco




Nació en Zapopan, Jal. el 19 de septiembre de 1866
Murió en Tecolotlán, Jal. el 17 de enero de 1927
Sus restos se encuentran en Tecolotlán, Jal.

Su “pecado” fue haber dado pública lectura, en templo parroquial de Zacoalco, a la carta pastoral de su Arzobispo, Don Francisco Orozco y Jiménez, donde éste manifestaba su aflicción por los atentados a la libertad del credo religioso, incluídos en la Constitución Mexicana.

El día señalado por los Obispos de México para suspender el culto público, incapaz de ocultar sus sentimientos, lloró de pena junto con sus feligreses, desde entonces ejerció su apostolado a hurtadillas, en casas particulares o en las afueras de las poblaciones grandes.

Aunque procuró disimular el lugar de su residencia y sus actividades, la tarde del 17 de enero de 1927, mientras se dirigía a su vivienda en el rancho La Cañada, acompañado por los señores Herculano, Crescenciano y Cresencio Castillo, Lucio Camacho, Ricardo Brambila. Agustín Chavarín y Juan Barajas, él y sus compañeros se toparon con una avanzada del Ejército Federal, guiada por algunos lugareños y el jefe de armas de Cocula, Pablo Ortega. A la vista de los adversarios, los acompañantes instaron al Padre Jenaro a escapar, pero él se negó: Vamos bajando todos. Si no me conocen, ya me salvé; si me conocen, me ahorcarán sin remedio, pero a ustedes nada les pasará, fuera del susto. Yo tengo esa confianza en Dios.

En cuanto llegaron al rancho fueron capturados, los ataron espalda con espalda; en esas condiciones los remitieron a Tecolotlán, a disposición del capitán federal Arnulfo Díaz, quien liberó a todos menos al eclesiástico.

A la medianoche, el Padre Jenaro fue trasladado a las goteras de Tecolotlán. En un cerrito conocido como La Loma o Cruz Verde, los verdugos eligieron un robusto árbol de mezquite, próximo a la modesta vivienda de la señora Jobita García, testigo del martirio. En medio de un griterío inusual, el piquete de soldados circuló al sacerdote, uno entre ellos lo lazó por el cuello con una soga y tiraron el otro extremo a las ramas del mezquite. La víctima pidió la palabra para decir: Bueno, paisanos, me van a colgar; yo les perdono y que mi Padre Dios también les perdone, y siempre que ¡Viva Cristo Rey!.

Estas palabras enardecieron a los milites, quienes tiraron de la reata con tal violencia que la cabeza del mártir chocó en la rama del mezquite, hecho lo cual, se retiraron del lugar. Un soldado abordó a los moradores de la vivienda, Jobita García y un huésped suyo, antiguo combatiente carrancista, para quien fue esta advertencia: Te encargamos al amigo que está allí colgado. Si alguien lo baja, a ti te pasará lo mismo. Los quejidos estentóreos del moribundo, que permaneció colgado hasta expirar, horas más tarde, llegaban a los habitantes del jacal; sin embargo, no se atrevieron a socorrerlo: además de ignorar la identidad del moribundo, pesaba sobre ellos una grave amenaza.

Antes del amanecer regresaron los soldados a La Loma, balearon a la víctima en el hombro izquierdo, lo descolgaron, y ya tirado en el suelo, uno de ellos le perforó el tórax con una bayoneta; hecho lo cual, apoyaron el cadáver en el tronco del árbol y se retiraron. A media mañana, pasó por allí la maestra Angelita Fernández Lepe, quien identificó a la víctima y avisó a la madre del mártir, ésta llegó al lugar de los hechos y colocó en su regazo al fallecido.

A regañadientes, el jefe militar permitió que el cadáver fuera trasladado a Tecolotlán, donde lo velaron en un domicilio particular. La noticia de la muerte movió a los habitantes de Tamazulita a trasladarse en masa a Tecolotlán. Temiendo la reacción de la muchedumbre, las autoridades ordenaron la inmediata sepultura en el panteón del municipio.

Su Prelado, Don Francisco Orozco y Jiménez, escribió más tarde: “Levantó mi voz para pregonar la gloria de la Iglesia de Guadalajara, que ciñe su frente con el nombre del Padre Jenaro Sánchez, apuñalado por confesar a Cristo Rey”.

El 25 de octubre de 1934 se trasladaron los restos del mártir, de Tecolotlán a la Iglesia Parroquial de Cocula, Jalisco, donde su memoria es particularmente venerada.

El Padre Jenaro Sánchez nació el 19 de septiembre de 1886 en la localidad de Agualele, del municipio de Zapopan.

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